Antiácidos

Acción neutralizante del ácido clorhídrico por reacción química en el estómago, con lo que reducen la acidez gástrica (pH por encima de 5) y pueden adsorber pepsina y otros enzimas proteolíticos, disminuyendo la agresividad química y enzimática sobre la mucosa digestiva, especialmente en las zonas en las que ésta se encuentra deteriorada.  Se suelen distinguir dos tipos:
1.Sistémicos: La parte catiónica de la molécula sufre absorción, por lo que puede producirse alcalosis sistémica. Acción rápida pero poco duradera, con posible efecto rebote.
2.No sistémicos: Al reaccionar con el ácido clorhídrico, la parte catiónica forma una sal que no se absorbe. Acción más lenta y sostenida, por lo general sin efecto rebote.

ANTIÁCIDOS
NO SISTÉMICOS: Sales de Aluminio, Sales de Magnesio, Sales de Calcio
SISTÉMICOS: Bicarbonato Sódico

USOS TERAPÉUTICOS DE LOS ANTIÁCIDOS

Ulcera péptica
Su función terapéutica esencial es reducir el dolor asociado a la úlcera duodenal (muchos especialistas desaconsejan su uso en cuadros de úlcera gástrica), ingiriéndolos en función de las necesidades de cada paciente. Las formas líquidas (suspensiones) son más efectivas y rápidas que las sólidas (comprimidos).

Dispepsia
En realidad, dispepsia es un término clínicamente mal definido. Habitualmente es utilizado para describir cualquier tipo de molestia abdominal, como regurgitación del conte­nido del estómago, sabor desagradable de la boca, ardor de estómago, sensación de plenitud o henchimiento del abdomen, producción de eructos o “ruidos” en el intestino. También se la conoce como “indigestión” o “digestión pesada”. Existen algunas medidas preventi­vas, como evitar las comidas copiosas o muy grasas, el exceso de bebidas gaseosas y acostarse inmediatamente después de la cena.
La dispepsia no asociada a ningún otro síntoma u enfermedad orgánica no suele precisar de ningún tratamiento específico, pudiendo ser aconsejable el control de los síntomas más molestos, como el ardor o la sensación de plenitud, mediante el empleo de algunos fármacos, siempre de forma temporal (no más de una semana). Los antiácidos y los antisecretores gástricos son más útiles en los cuadros en los que predominen síntomas relacionados con una hipersecreción ácida  y/o reflujo gastroesofágico.
Hay datos clínicos contrastados que avalan el uso de fármacos antagonistas H2 y procinéticos en la llamada dispepsia no ulcerosa. Por lo que se refiere, a los inhibidores de la bomba de hidrogeniones y a las sales de bismuto, también hay un efecto terapéutico neto, pero sólo levemente superior al placebo. Los antiácidos ni el sucralfato son estadísticamente superiores al placebo. La utilidad de las terapias de erradicación del Helicobacter pylori  en la dispepsia no ulcerosa es cuestionable, ya que los datos clínicos tienen indican una significación estadística marginal. En cualquier caso, el efecto parece ser bastante modesto.

Reflujo gastroesofágico
Los antiácidos incrementan el pH del contenido gástrico y, por ello, mejoran los síntomas de ardor epigástrico. Las preparaciones líquidas presentan la ventaja de que ayudan a “lavar” la pared del esófago de los restos ácidos del contenido gástrico regurgitado. Actúan de forma rápida (en menos de 15 minutos), pero sus efectos son poco persistentes (menos de una hora, en la mayoría de los casos). Algunos especialistas prefieren la utilización de preparados mixtos de antiácidos con alginatos, ya que estos últimos producen una capa viscosa conteniendo una parte del antiácido en forma de espuma que flota sobre el contenido gástrico y penetra en el esófago cuando se produce el reflujo. Hay poca evidencia clínica de que esta combinación produzca mejores resultados que los antiácidos solos.

Neumonitis por aspiración.- Los antiácidos han constituido el tratamiento preventivo de elección en los pacientes sometidos a internamiento en UCI y durante la inducción de anestesia quirúrgica. Sin embargo, algunas formulaciones antiácidas con tamaño grueso de partícula pueden resultar dañinos para el tejido pulmonar si son aspiradas. Este hecho, junto con la mayor solvencia de la evidencia de eficacia clínica, han ido desplazando paulatinamente a los antiácidos de esta indicación, a favor de los antagonistas H2.

EFECTOS SOBRE LA MOTILIDAD INTESTINAL
Las sales de aluminio y calcio son astringentes. Las sales de magnesio son laxantes (tienden a producir diarrea osmótica). La mayoría de los preparados son mezclas de sales de aluminio y magnesio y el efecto sobre la motilidad es difícil de predecir.

EFECTOS SECUNDARIOS EN UTILIZACIÓN PROLONGADA
Bicarbonato sódico y carbonato cálcico pueden producir alcalosis sistémica (posible afectación renal) y retención de fluidos. El abuso de antiácidos cálcicos puede provocar hipercalcemia y cálculos renales. El síndrome “leche-alcalinos” puede aparecer cuando se ingieren antiácidos con alto contenido en sodio junto con grandes cantidades de calcio, bien sea como antiácido o en forma de leche.
En pacientes con inuficiencia renal pueden producirse intoxicaciones debidas al magnesio y al aluminio. Las sales de aluminio (salvo los fosfatos) pueden ocasionar depleción de fosfatos, ocasionando un síndrome similar a la osteomalacia.

INTERACCIONES
Los antiácidos, especialmente los de carácter no absorbibles, son capaces de interferir con la absorción digestiva de un buen número de medicamentos. En general, se trata de interacciones poco significativas desde el punto de vista clínico, ya que raramente se traducen en una reducción superior al 20% en la cantidad de fármaco absorbida.

RECUERDE
Use con precaución los antiácidos en casos de insuficiencia renal. Puede producirse acumulación de cationes Al, Ca o Mg.  ¡Atención al contenido en sodio!

El contenido aquí mostrado corresponde a BOT (base de datos de medicamentos de España 2002), que aunque está relacionado con medicamentos de uso humano, puede resultar muy útil para la medicina veterinaria de pequeños animales.



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