Antiparkinsonianos

Ningún tratamiento actual es capaz de detener la progresiva degradación neuronal en los ganglios basales, característica de la enfermedad de Parkinson.

El tratamiento farmacológico consigue únicamente aliviar la sintomatología y permitir una mejora importante de la calidad de vida del paciente.

La terapia básica de la enfermedad desde hace años es la levodopa más inhibidor de dopa-descarboxilasa (carbidopa, benserazida). El efecto es altamente beneficioso durante los primeros cinco a siete años, pero a partir de ese momento comienzan a manifestarse problemas como las fluctuaciones en la respuesta motriz y exacerbación de los efectos secundarios de la levodopa, como discinesia

Las fluctuaciones en la respuesta motriz se producen aproximadamente en el 50% de los pacientes tras 5 años de tratamiento con levodopa, alcanzando una proporción del 70% a los 15 años. Este tipo de fluctuaciones son más comunes entre los pacientes con inicio de la enfermedad en edades relativamente tempranas. Entre tales fluctuaciones se pueden incluir períodos “off“,  de inmovilidad o de mayor gravedad de otros síntomas parkinsonianos. Parte de estos períodos “off” son predecibles, en la medida que los efectos terapéuticos de la levodopa van disipándose (efecto “wearing off“), pero en otros casos no lo son, dando lugar al llamado efecto on/off (alternancia rápida de normalidad y acinesia), amén de otras formas de movimientos involuntarios anormales. Los períodos “off” pueden durar desde algunos minutos hasta varias horas.

No se incluyen en los períodos “off” los episodios de “congelación” (“freeezing”), es decir bloqueos motrices, que impiden durante unos pocos segundos la iniciaciación o la continuación de un movimiento. Tampoco se incluye el temblor inducido por estrés. Estas manifestaciones son componentes de la propia enfermedad de Parkinson y ocurren incluso en ausencia de tratamiento.

El efecto “wearing off” o de disipación de la dosis puede definirse como la percepción de la pérdida gradual de movilidad a lo largo de algunos minutos (hasta una hora), cuando queda poco para la siguiente dosis de fármacos antiparkinsoniano.

Estas consecuencias de la terapia con levodopa han condicionado toda la estrategia terapéutica de la enfermedad. En cualquier caso, puede concluirse que:

–   La levodopa continua siendo el tratamiento más eficaz para los síntomas de la enfermedad de Parkinson, incrementando la esperanza de vida de los pacientes. Se ha demostrado que la supervivencia se reduce cuando la introducción de levodopa en el tratamiento se retrasa hasta la aparición de niveles significativos de discapacidad con alteración de los reflejos posturales.

–     No hay evidencia de que el tratamiento crónico con levodopa contribuya a empeorar el estado neurodegenerativo de las lesiones parkinsonianas.

–   Las complicaciones motrices inducidas por levodopa son consecuencia más de la degeneración de los sistemas dopaminérgicos cerebrales (que es imposible de prevenir) que de la administración repetida de levodopa (que sí puede ser modificada de acuerdo a la respuesta del paciente).

Todo esto parece confirmar que la estrategia de comenzar el tratamiento de forma temprana con la medicación más eficaz resulta en beneficio del paciente, sin que se acelere la aparición de la fase de efectos adversos intolerables. Por consiguiente, la opinión más común hoy en día es que:

  1. Tan pronto como la sintomatología comienza a afectar significativamente la capacidad funcional, comenzar la terapia correctora usando una asociación de levodopa y agonista dopaminérgico con ajuste cuidadoso de la dosis de ambos.
  2. La pérdida de efecto consecuencia del progresivo agravamiento de la enfermedad se compensa aumentando la dosis, o bien espaciando la misma dosis de levodopa en más tomas diarias.
  3. El aumento de dosis implica aumento de los efectos secundarios. Intentar minimizarlos disminuyendo las dosis del medicamento que cause más problemas y aumentando la del otro.

Para minimizar las nauseas y vómitos de la levodopa o de los agonistas dopaminérgicos, debe administrarse el medicamento tras una comida ligera con bajo contenido en proteínas. También es útil administrar 10 a 20 mg de domperidona (ver grupo A04A2A ortopramidas) media hora antes de cada dosis de levodopa o de bromocriptina, pero no deben usarse otros bloqueantes dopaminérgicos que atraviesen la barrera hematorraquídea, como la metoclopramida.

TABLA 1. TRATAMIENTOS ANTIPARKINSONIANOS DISPONIBLES

DOPAMINÉRGICOS
MEDICAMENTO MODO DE ACCIÓN COMENTARIOS
Levodopa+inhibidor de la DOPA-descarboxilasa Se transforma en dopamina a nivel del S.N.C. por la acción de la DOPA-descarboxilasa. Se trata por tanto de un aporte exógeno de dopamina para compensar la deficiencia de este neurotransmisor. Es la medicación standard en el Parkinson. La asociación con un inhibidor de la DOPA-descarboxilasa periférica (carbidopa, benserazida) impide la transformación prematura en dopamina, lo cual permite dar dosis menores y minimizar los efectos secundarios gastrointestinales y cardiovasculares provocados por la dopamina liberada antes de llegar al cerebro. La asociación ha desplazado prácticamente a la levodopa sola. El principal inconveniente de la levodopa es que pierde el efecto a los varios años (3-5) de tratamiento. Aparecen efectos secundarios como disquinesias o el llamado fenómeno on/off.
Bromocriptina
Lisurida
Pergolida

Pramipexol

Ropinirol

La estructura química se asemeja a la de la dopamina y actúa sustituyendo a ésta en los receptores postsinápticos. La eficacia como medicamento de primera elección es inferior a la de la levodopa (sólo un tercio de los pacientes responde satisfactoriamente) y suelen requerir más tiempo para ajustar la posología óptima. Se suelen usar en tratamientos combinados con levodopa.
Selegilina Impide el metabolismo de la dopamina en el cerebro. El metabolismo se produce por oxidación catalizada por la monoaminooxidasa B (MAO-B) La selegilina es un inhibidor selectivo de la MAO-B (las dosis terapéuticas no tienen la típica acción antidepresiva de los IMAO, que son inhibidores de la MAO-A). La acción directa sobre la sintomatología es mínima. La utilidad en Parkinson deriva de: la capacidad de potenciar la acción de la levodopa al inhibir su catabolismo por la vía de la dopamina. Disminuye los requerimientos de levodopa hasta un 30% y aumenta el período de eficacia. Inicialmente se pensó que podía retrasar la degradación neuronal característica de la enfermedad, pero esto no ha sido confirmado por ensayos posteriores.
Entacapona

Tolcapona*

Es un inhibidor del enzima catecol O-metil-transferasa (COMT). Cuando la levodopa se administra conjuntamente con un inhibidor periférico de la DOPAdescarboxilasa, la principal vía metetabólica periférica es precisamente la COMT, que transforma la levodopa en 3-O-metildopa. Esta es capaz de competir con la levodopa en el sistema de transporte activo de la barrera hematoencefálica (astrocitos), reduciendo la penetración de levodopa en el sistema nervioso central y, con ello, su capacidad de transformarse en dopamina. Se estima que la adición de entacapona al tratamiento con levodopa/carbidopa incrementa un 25-50% la biodisponibilidad de la levodopa, prolongando los efectos antiparkinsonianos de ésta.
Amantadina Posiblemente favorezca la liberación de dopamina y/o inhiba la recaptación de la misma por las neuronas de la sustancia negra. Inicialmente usado como antiviral, la amantadina es un antiparkinsoniano menos potente que los anteriores y con el inconveniente de perder rápidamente eficacia si se usa sola (en menos de seis meses).

A su favor tiene una incidencia escasa de efectos secundarios y no ser necesario un laborioso ajuste individual de la dosis.

Se suele emplear en los primeros estadios de la enfermedad o en combinación con levodopa o amantadina en fases avanzadas.

ANTICOLINÉRGICOS
Biperideno
Triexifenidilo
Prociclidina
Metixeno
Antagonizan la actividad colinérgica cerebral, exacerbada por la deficiencia de acción dopaminérgica. Posiblemente inhiban también la recaptación de dopamina por las neuronas presinápticas. Usados desde el siglo pasado, los anticolinérgicos tienen un efecto parkinsoniano relativamente débil, pero aditivo con la levodopa o la bromocriptina. Mejoran el temblor pero no tienen efecto sobre la rigidez o la bradiquinesia. Se suelen utilizar en fases iniciales y sobre todo en el tratamiento de cuadros extrapiramidales inducidos por antipsicóticos, donde no debe usarse levodopa. Todos los anticolinérgicos tienen aproximadamente la misma eficacia pero ciertos pacientes toleran algunos mejor que otros. Cambiar de medicamentos en caso de efecto colaterales graves.

*Tolcapona, otro inhibidor de la COMT, fue autorizada en España y otros países durante 1998, siendo posteriormente retirada en mismo año, debido a la detección de casos graves de hepatotoxicidad

TABLA 2. EFECTOS CLÍNICOS DE LOS ANTIPARKINSONIANOS DOPAMINÉRGICOS EN PACIENTES CON FLUCTUACIONES MOTRICES

ANTIPARKINSONIANOS: DOPAMINÉRGICOS

Son medicamentos de estructura química parecida a la dopamina y que ejercen a misma acción que ésta sobre los receptores postsinápticos. La bromocriptina fue el primer fármaco con esta acción y el que ha servido de patrón para desarrollar el grupo.

Estructuralmente se dividen en dos grupos, los derivados del núcleo ergoloides y los no ergoloides. Entre los primeros, todos son derivados semisintéticos de alcaloides del cornezuelo, salvo la quinargolida que es totalmente sintético.

Los no ergoloides son pramipexol y ropinirol. Esto no parece tener demasiada importancia farmacológica ni clínica. De hecho las diferencias entre los distintos medicamentos del grupo son poco prominentes, con las probables excepciones de reacciones pleuropulmonares, fibrosis retroperitoneal y eritromelalgia, asociados exclusivamente (y con carácter muy infrecuente) a los derivados ergólicos.

Los agonistas dopaminérgicos raramente conducen a la aparición de fluctuaciones en la respuesta y discinesia. Se ha alegado que esto podría deberse a su mayor duración de acción, con relación a levodopa, lo cual permitiría mimetizar la liberación fisiológica de dopamina a partir de las neuronas de los ganglios basales, frente a la estimulación pulsante de los receptores provocada por las dosis intermitentes de levodopa.

–   Acción sobre los receptores: Se han identificado varias familias o subclases diferentes de receptores de dopamina. Las más importantes son designadas como D1 y D2. La familia D1 incluye a los receptores D1 y D5, en tanto que la familia D2 incluye a los D2 y D3. Todos los medicamentos de este grupo son agonistas potentes de los receptores de la familia D2, pero sólo la pergolida tiene acción agonista D1 significativa. En los otros, la acción sobre receptores D1 varía entre débilmente antagonista (bromocriptina) y débilmente agonista. La significación clínica de las diferencias relativas de acción no está clara, aunque existe la impresión de que puede tener cierta importancia, sobre todo en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson. En este sentido, pramipexol es especialmente activo frente a los receptores D3.

–  Duración de la acción: La mayor parte de estos medicamentos tienen una semivida plasmática de entre 2,5 y 7 horas, que puede presentar diferencias en la acción, pero no lo suficiente como para influir en la pauta posológica en la enfermedad de Parkinson, que termina siendo en la mayoría de los casos de tres tomas diarias. Algunos medicamentos tienen semividas más largas, sobre todo cabergolina, que se traducen en pautas de administración de una vez al día o incluso 1-2 veces a la semana en el tratamiento de hiperprolactinemia.

La amantadina es un viejo medicamento antigripal, también usado como antiparkinsoniano. La amantadina es eficaz solamente contra el virus gripal del tipo A y actúa al parecer impidiendo la penetración del virus en la célula huésped. Es capaz de prevenir hasta un 25% de todos los casos de gripe y un 65% de los casos clínicos serológicamente confirmados de gripe A. El efecto clínico neto se traduce en una reducción media de un día en la persistencia de los episodios febriles.

La dificultad de establecer el período de riesgo y consideraciones económicas y de comodidad para el paciente hacen preferible la vacunación si ésta es factible. Otro inconveniente del uso indiscriminado es la aparición de cepas resistentes.

También es capaz de disminuir significativamente la sintomatología de la gripe declarada, si la administración comienza dentro de las 48 horas del comienzo de los síntomas y se mantiene hasta 48 horas después de su remisión.

Hay evidencias que sugieren que la dosis de 100 mg/día puede ser eficaz. Es recomendable usar este nivel de dosificación en mayores de 65 años, pacientes con riesgo de ataques convulsivos y adultos que sufran efectos secundarios significativos con la dosis normal de 200 mg/día.

Aplicaciones TERAPÉUTICAS de los agonistas dopaminérgicos

Enfermedad de Parkinson.

Bromocriptina, lisurida, pergolida, pramipexol y ropinirol están indicados en parkinsonismo, pero no hay estudios comparativos entre ellos. Muchos clínicos prefieren la pergolida por las ventajas teóricas de ser activa en los receptores D1 y D2 y tener la semivida plasmática más larga. Cabergolina y quinargolida están autorizados sólo en hiperprolactinemia. No hay razón teórica para que no sean efectivos en la enfermedad de Parkinson, pero son medicamentos nuevos que no han completado el período de ensayos requerido para esta indicación.

Hiperprolactinemia.

La secreción de prolactina está regulada por dopamina a través de receptores D2, por consiguiente todos los fármacos del grupo son eficaces, y son el primer tratamiento de todo tipo de hiperprolactenemia. En más del 80% de los pacientes se consigue la reducción significativa o normalización de la prolactinemia, la reversión de la sintomatología y, en el caso de que el cuadro sea debido a un macroadenoma, la reducción del tamaño del tumor. Los tratamientos han de ser crónicos, porque la patología suele reactivarse al suspenderlo.

Bromocriptina es el fármaco más experimentado. La dosis usual es de 2,5 mg 2-3 veces al día, a la que se llega por aumento progresivo para minimizar los efectos adversos. Pergolida y quinagolida pueden administrarse una vez al día. Cabergolina es eficaz en 1 o 2 tomas semanales y parece tener menos efectos adversos que bromocriptina. Posiblemente sea el mejor medicamento del grupo para esta indicación.

Acromegalia.

Aunque los agonistas dopaminérgicos tienen la importante ventaja de la administración oral, la diferencia de eficacia en favor de los derivados de la somatostatina (ver grupo H01CB) los relega al papel de medicamentos de segunda elección. La combinación de bromocriptina con octeótrido puede ser eficaz en casos resistentes a la monoterapia con cualquiera de los dos.

El contenido aquí mostrado corresponde a BOT (base de datos de medicamentos en España 2002), que aunque está relacionado con medicamentos de uso humano, puede resultar muy útil para la medicina veterinaria de pequeños animales.



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