Descongestionantes y antialérgicos oftálmicos

La congestión o inflamación de la conjuntiva es probablemente la más común de las alteraciones oftalmológicas. En la mayoría de los casos se trata de cuadros de carácter autolimitados, aunque pueden aparecer lesiones corneales como una forma de complicación del proceso. Su etiología es diverss:

–     Alérgenos (pólenes, medicamentos, etc.).

–     Microorganismos (bacterias, virus, etc).

–     Agentes irritantes (físicos o químicos).

La rinitis alérgica afecta aproximadamente al 10% de la población y suele existir cierta predisposición familiar a padecerla. Suele manifestarse inicialmente durante la infancia o adolescencia.

Está motiva­da en la mayor parte de los casos por pólenes de diversas especies vegetales, que provocan una respuesta inflamatoria muy rápida, aunque de intensidad variable. La forma más común de rinitis alérgica es la estacional, también conocida como fiebre del heno o polinosis.

En la rinitis alérgica estacional es típica la periodicidad de su aparición. La nariz, el paladar, la faringe y los ojos comienzan a picar tras el inicio de la estación del polen. El lagrimeo, los estor­nudos y la secreción nasal acuosa y clara (rinorrea) acompañan o siguen al prurito. Pueden aparecer otros síntomas, como dolor de cabeza, irritación de la conjuntiva e incluso manifestacio­nes de tipo nervioso, como irritabilidad o falta de apetito (anorexia). A medida que la estación progresa se pueden desarrollar tos y problemas respiratorios.

Frente a lo que ocurre con la forma estacional, la perenne es debida al polvo doméstico, así como a pequeños insectos (ácaros) que parasitan a los animales domésticos o están entre la ropa, alfombras, tapicería, etc. No obstante, la única diferencia apreciable entre la forma estacional y la perenne es la que la rinitis estacio­nal aparece con intensidad coincidiendo con períodos específicos o estaciones climáticas ligadas a una elevada producción de pólenes (primavera, especialmente), mientras que la perenne mantie­ne sus síntomas, aunque con diversa intensidad, a lo largo del año.

Aunque lo más importante es evitar los agentes que desencadenan la respuesta alérgica (alergenos), esto no es posible hacerlo de forma completa en la mayoría de los casos. No obstante es factible puede reducir la frecuencia y la intensidad de los síntomas realizando una serie de acciones senci­llas, como mantener las puertas y ventanas de las casas cerradas, uso de aparatos de aire acondicionado (reducen los niveles de polen en el interior de los edificios), o evitar el contacto con animales de compañía, evitar el tabaquismo (activo o pasivo), que puede agravar la rinitis.

Opciones terapéuticas

Dependiendo de la etiología del cuadro de congestión conjuntival, el tratamiento de fondo debe ir dirigido al agente causal, empleando agentes antimicrobianos en los cuadros de naturaleza infecciosa o simplemente evitando los ambientes que propicien la irritación conjuntival por vía física o química (polvo atmosférico, humos, etc).

Por su parte, la administración de antihistamínicos por vía oral suele proporcionar buenos resultados en la resolución del picor conjuntival, los estornudos y la descarga nasal asociada a la rinitis alérgica, aunque no mejoran la congestión nasal.

Los antihistamínicos aplicados de forma tópica (nasal y oftálmica) también producen buenos resultados, en especial en lo que se refiere al control del picor y del enrojecimiento conjuntival, síntomas cardinales de la conjuntivitis alérgica.

Emedastina y levocabastina son notablemente más potentes que feniramina y antazolina. La potencia antihistamínica por sí misma no predice su potencial resolutivo en los cuadros de conjuntivitis alérgica..

Al margen de los antihistamínicos o, a veces, asociados a ellos, también se emplean agentes vasoconstrictores de tipo adrenérgico, para reducir la congestión conjuntival, con independencia del origen del cuadro conjuntival.

Por su parte, el empleo de agentes antialérgicos de tipo no antihistamínico, como cromoglicato y nedocromilo, tienen un cierto papel terapéutico en la rinitis alérgica debido a su actividad estabilizadora de los mastocitos, aunque ese papel es meramente preventivo, por lo que no  tienen utilidad para reducir rápidamente los síntomas de la conjuntivitis alérgica.

Por último, hay preparados que combinan uno o varios de los fármacos anteriores con astringentes (sulfato de zinc, hamamelis), anestésicos locales (procaína) o antsépticos (ácido bórico, cloruro de benzalconio, etc).

Tipos de medicamentos Principios activos
Antialérgicos antihistamínicos: Reducen la inflamación conjuntival de origen alergénico, mediante un efecto bloqueante de los receptores H1 de la histamina. –        Antazolina.

–        Azelastina.

–        Clorfenamina.

–        Emedastina.

–        Levocabastina.

–        Lodoxamida.

Antialérgicos no antihistamínicos: Previenen la liberación de histamina y de otros mediadores bioquímicos de la inflamación inducida por alergenos. –        Cromoglicato.

–        Nedocromilo.

Astringentes: –        Hamamelis

–        Sulfato de Zinc

Antisépticos tópicos: –        Acido bórico

–        Metiltionina, cloruro

Vasoconstrictores adrenérgicos: Reducen la hiperemia conjuntival, cualquiera que sea su causa, mediante un efecto vasoconstrictor directo. Se trata de agentes  agonistas a1 o antagonistas a2 adrenérgicos. –        Epinefrina.

–        Fenilefrina

–        Nafazolina

–        Oximetazolina

–        Tetrizolina.

El contenido aquí mostrado corresponde a BOT (base de datos de medicamentos en España 2002), que aunque está relacionado con medicamentos de uso humano, puede resultar muy útil para la medicina veterinaria de pequeños animales.



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