Hepatozoon canis. Evaluación citológica.

El Hepatozoon canis es un parásito coccidio que afecta a los perros tras la ingestión de garrapatas de la especie Rhipicephalus sanguineus que contienen esporozoitos en su hemocele. El ciclo parasitario es complejo. Los esporozoitos se liberan en el intestino y penetran la pared intestinal transportándose por sangre o linfa hasta las células mononucleares y células endoteliales donde se desarrollan como macroesquizontes. Posteriormente, se liberan merozoitos que entran en las células del hígado, músculo esquelético y órganos del sistema monocítico-fagocítico donde se multiplican y se liberan merozoitos maduros, parasitando los neutrófilos y monocitos debido a que se produce una respuesta inflamatoria granulomatosa. En el interior de estas células evolucionan a gametocitos que tras ser ingeridas por una garrapata el ciclo se inicia de nuevo.

Huella de Hepatozoon canis en el neutrófilo de un paciente canino. El Hepatozoon abandona la célula ante cambios en la temperatura.

Huella de Hepatozoon canis en el neutrófilo de un paciente canino. El Hepatozoon abandona la célula ante cambios en la temperatura.

El Hepatozoon canis no siempre causa enfermedad, ya que habitualmente, los perros parasitados no presentan sintomatología asociada, a no ser que estén inmunodeprimidos, presenten alguna otra infección concomitante, o sean cachorros menores de 3-4 meses de edad. Los síntomas que presentan los perros susceptibles se asocian a miositis crónica (se forman quistes con el parásito en el músculo esquelético), debilidad y en algunos casos extremos, la muerte. En un primer momento se observa descarga oculonasal, mialgias y pérdida de peso que puede evolucionar hasta una situación de caquexia. Son frecuentes los procesos febriles de larga duración. En algunos casos se presentan linfadenomegalias.

El diagnóstico se establece a partir de la observación de los gametocitos en los neutrófilos o monocitos (o la huella que dejan al salir de las células a causa del cambio de temperatura tras la extracción de la sangre). Los gametocitos se pueden observar en la sangre a partir del día 28 post-infección. Se prefiere el examen microscópico de la capa leucocitaria al frotis de sangre convencional, ya que presenta una mayor sensibilidad diagnóstica. Las pruebas de elección para aquellos casos sospechosos, pero que no presentan carga parasitaria en la sangre es la biopsia de músculo o hígado, y/o la realización de PCR a partir de sangre; técnica ésta última que presenta mayor sensibilidad diagnóstica que la evaluación microscópica de la capa leucocitaria.

Hepatozoon canis en el neutrófilo de un perro.

En el hemograma se puede observar una leucocitosis con neutrofilia muy marcadas y desviación a la izquierda, que puede llegar en casos muy extremos a los 200.000 leucos/microL (reacción leucemoide). Ciertos marcadores bioquímicos pueden verse alterados, presentando hipoalbuminemia, aumento de fosfatasa alcalina y marcadores musculares (CK y AST). Los animales muy afectados pueden presentar alteraciones radiográficas en el periostio como consecuencia de la intensa miositis en los lugares de inserción del músculo.

El tratamiento en muchos casos es infructuoso, no llegándose a eliminar el parásito en la mayoría de los casos, pero pueden reducir la carga parasitaria. Las recaídas pueden ser frecuentes. En las regiones endémicas es muy importante realizar un buen control del vector. Los fármacos empleados para el tratamiento de la hepatozoonosis canina son el propionato de imidocarb y las tetraciclinas (doxiciclina). En nuestro hospital administramos toltrazurilo a dosis de 14 mg/kg/día PO durante 7 días, ya que ha demostrado una buena actividad contra el parásito.



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